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   La navaja nace como arma en las ásperas tierras españolas de finales del XVI empujada por
la prohibición de portar espada que se hizo a todo aquel que no fuese miembro de la nobleza o
hidalguía, convirtiéndose desde su nacimiento en el arma del pueblo.


   En un principio son literalmente espadas plegadas, que abiertas pasaban el metro de largo,
ricamente decoradas con motivos florales muy característicos que aún hoy se representan, y con
mangos de latón labrados exquisitamente.


   Poco a poco fueron reduciendo su tamaño (tal vez porque resultaba tan difícil ocultar
semejante artefacto como la propia espada a la que sustituían), pero el lujo con el que se
manufacturaban, y el orgullo con el que se lucían, fueron aumentando exponencialmente llegando a
afirmar un paseante inglés aficionado a los viajes por nuestras tierras (Richard Ford) que ”la navaja
en la faja es parte esencial del español”


   De esta manera se convirtió en quien ayudaba al labrador en sus tareas, en herramienta del
obrero, en quien repartía el pan entre los pastores, quien picaba el tabaco del tahúr y quien defendía
el honor de todos ellos (muy propenso a ofenderse en aquellos tiempos)


   Y así, en manos de todos , unas veces se puso al servicio de las más pérfidas y bajas
intenciones, otras al servicio de causas justas, de justas de honor, e incluso llegó a defender tan
elevadísimas empresas como la independencia de una Nación: la Española.
Primero en los heroicos acontecimientos del 2 de mayo, donde el pueblo de Madrid hizo sonar al
unísono las carracas de sus Navajas para luchar contra el ejército más poderoso del mundo; y
después en las manos de los guerrilleros organizados por El Empecinado, que saliendo de todas
partes hostigaban con tanto denuedo a las tropas de Napoleón quién en su libro, “la maldita Guerra
de España”, se lamentaba con amargura de que “cualquier paisano podía ser un guerrillero”.


   En nombre de Barbudo queremos romper una lanza en pro de las Navajas, no sólo por el
interés comercial, si no por ser un objeto que encierra en sí mismo facetas muy diferentes:
En primer lugar por tratarse de un arma tan intrínsecamente ligada al devenir de nuestra historia que
debería ser idolatrada como los japoneses hacen con sus katanas;por ser una herramienta esencial
para todo obrero, y porque, pese a ser un objeto tan humilde en su esencia, ha llegado a alcanzar
altísimos niveles de virtuosismo y originalidad ; y por último, por ser un símbolo tan reconocible de
nuestra cultura como pueden ser unas bulerías, un toro bravo o un caballo a la vaquera.
   Con esta filosofía Barbudo les ofrece un producto moderno e innovador, con un diseño
propio y actual, pero con el orgullo de avanzar en un camino que hace tanto tiempo se inició.

BARBUDO


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